Libros por un euro. “La pesquisa", de Juan José Saer


Algunos miércoles nos juntamos a primera hora de la mañana en un boca de metro periférica -así es- y rondamos por el mercado de los Encantes con las solapas espigadas, el cigarrillo en la mano y los ojos abiertos a fuerza de café sólo, café con leche o café con gotas, según quién lo pida. Los toldos de los puestos ya están desplegados, como la red de coches patrulla, y los dependientes más vehementes vocean ofertas de bragas,  pantis, calcetines, casi siempre ropa íntima, pero también se comercia con deuvedés, marroquinería, herramientas o incluso frigoríficos. Nosotros buscamos los libros.

Al final del mercado, encontramos un bajo con la persiana metálica descorrida y un hombre ya avejentado sentado a la entrada sobre un tocón de madera que, normalmente, lee libros de ciencia ficción o resuelve sudokus con displicencia. De un tiempo a esta parte ya nos saluda con un ademán de cabeza.

Dentro hay unas tres mesas de unas diez o doce plazas dispuestas linealmente, un mostrador y estanterías en batería, todo saturado con números atrasados de revistas, periódicos y libros de ediciones descatalogadas. Empezamos a hurgar en las montañas sin renunciar al cigarrillo (nunca nadie nos ha amonestado por fumar allí).


Panorámica del mercado dels Encants


Libros que normalmente codiciamos: novelas experimentales, traducciones concretas o ediciones singulares de títulos que ya hemos adquirido en otro momento. Últimas adquisiciones: Séptimo medio indisponible, de Antonio Maenza, Los vínculos terminados, de Camilo Estepa, Diccionario Jázaro, de Milorad Pavic, Hambre, de Knut Hamsun, El Jarama, de Sánchez Ferlosio". Cuestan todos los ejemplares un euro.  

Lo mejor y lo peor es cuando los libros espejean entre sí y a veces uno cree vislumbrar un título que no existe o el título de un libro que buscaba desde hace tiempo, porque las letras de las portadas se barajan y las pupilas, a pesar de la cafeína, no llegan a delimitar convenientemente las tipografías. Yo tuve entre mis manos por un segundo El libro del charnego, de Fernando Marsé, o incluso Las cien águilas, de Germán Marín, libro que jamás se ha editado en España, pero se desvanecieron al segundo o se escurrieron entre las falanges como arena. En una ocasión tuve entre las manos justo el libro que buscaba, La pesquisa, de Juan José Saer, el mejor escritor santafereño de la historia de la literatura santafereña por lo menos. Obviamente desapareció en cuanto espiré un chorro de humo sobre la solapa.

De vuelta a casa, uno de mis acompañantes me comunicó que La pesquisa acababa de ser reeditada por una editorial llamada El rayo verde (Editorial que, por cierto, ya cuenta con un Premi Llibreter entre sus filas: Todo está tranquilo arriba, de Gerbrand Bakker), y muy contento por la buena nueva, pospuse la comida y visité La Central de la Calle Mallorca para hacerme con el volumen. No valía un euro, pero era la edición más barata que había en el mercado del libro, el diseño era bonito y gracias a Dios no estaba vertido en ningún molde de letra extravagante que tanto incordia la vista.




La pesquisa es el libro más ortodoxo que he leído de Juan José Saer, carece del experimentalismo estructural de El limonero real o, por ejemplo, de la intrincada puntuación de La mayor. Se trata de una novela negra y se amolda a ciertos estándares del género, aunque conservando las señas más características de la narrativa de Juan José Saer, así que, de alguna manera, también se trata de la novela más recomendable para adentrarse en la narrativa saeriana, tarea bastante comprometida y, en estos tiempos, sólo apta para lectores de raza.

Es una buena novela y, sobretodo, una novela que ya no se estila y muy difícilmente se estilará en un futuro porque la literatura ha muerto o está mutando, que es lo mismo, y desconozco si el día de mañana se renovará en una bolboreta o el pedo de un muerto. Así que, de ahora en adelante, glosaré a grosso modo qué particularidades de La pesquisa han hecho que me sintiera satisfecho de mi condición de lector anacrónico, de nuestra condición de rastreadores de libros perdidos a través de los mercados de Barcelona, Galicia, Salamanca, Portugal, Francia, Londres, Xanadú o incluso México, de nuestra condición de jóvenes y no tan jóvenes que, algún día, sin duda, parafrasearán los siguientes versos de Biedma: "En un viejo país ineficiente / algo así como España entre dos guerras / civiles, en un pueblo junto al mar, / poseer una casa y poca hacienda / y memoria ninguna. No leer, / no sufrir, no escribir, no pagar cuentas, / y vivir como un noble arruinado / entre las ruinas de mi inteligencia".

Para comenzar a reseñar un libro, lo más común es que se cite su argumento, y así lo haré, aunque si este libro no tuviera acuñado el nombre de Juan José Saer, su argumento me hubiera disuadido por completo. Hay un policía, un asesino y cantidad de crímenes. Todo converge en París, durante las navidades de no recuerdo qué año -si es que se cita el año, aunque yo creo que da lo mismo porque la novela, como todas las buenas novelas, termina siendo intemporal-. El policía es inteligente, maniático, meticuloso, un llanero solitario. El asesino es una bestia que disfruta desventrando torsos y, a la vez, un hombre igualmente inteligente y precavido que supone un desafío para todo el cuerpo de policía parisino. Las víctimas todas son ancianas.

Lo que importa -es decir, lo que nos importa comúnmente a los rastreadores de libros- son las excentricidades y, por eso, lo gustoso de esta novela es precisamente la forma, que la distancia de los estándares de la novela policíaca.

El primer capítulo ya llama convenientemente la atención. El detective no funciona como una fuerza ciega que avanza a lo largo de la trama arrojando una claridad paulatina sobre la nebulosa que rodea los crímenes, sino como una personalidad sensible, condicionado por sus propias vivencias interiores; la importancia de los sueños del detective, por ejemplo, es crucial y afecta a la propia osamenta de la novela. Por un lado encontramos el mundo objetivo, consensuado, propio de la razón y la civilización occidental, rigiendo la armonía de las calles parisinas durante las compras navideñas; por otro el mundo bestial de la locura, que excede la lógica o, mejor dicho, tiene su propia lógica y es impenetrable para el ojo de un peatón cualquiera, y ambos confluyen en el alma humana. Hay líneas de Saer que versan sobre el tema con una lucidez extraordinaria.   


Detective privado arquetípico


En cuanto al estilo, uno esperaría una sucesión de frases telegráficas que dispusieran claramente el crimen a dilucidar, pero Saer embiste este tópico de la novela negra y se desenvuelve airoso en la corrida. Abundan los periodos largos y proliferan las comas, procurando cierto aire de indefinición o de difícil aprehensión del sentido o de invitación a la pérdida del sentido; sólo de cuando en cuando algún guión o algún punto y coma intercede y matiza. Abundan los adjetivos, las subordinadas y los encabalgamientos, y no por ello peca la novela de falta de precisión o innecesario abigarramiento. El estilo es brillante, obra del pulso de un joyero.  

Y en el segundo capítulo se terminan de perfilar las novedades. De pronto, surge una nueva historia y un nuevo narrador: el plano donde se suceden los acontecimientos es un bar, me atrevería a decir que perdido en mitad de un pueblecito argentino; los protagonistas, unos argentinos a caballo entre París y Argentina que analizan la dactilografía de un compatriota en paradero desconocido.

A partir de ahí, lucen en todo su esplendor las marcas más sustanciales de la narrativa de Saer: las descripciones prolijas y la atención minuciosa por el detalle -herencia de la nouveau roman- o la figura simbólica del río y su curso.

Digamos, para rematar, que esta novela hurga en el punto medio entre los arquetipos propios de la novela negra y las revoluciones que un autor de talento siempre llega a acometer sobre cualquier tipo de pauta literaria preestablecida.    

Yo personalmente -nosotros, me atrevería a decir, los rastreadores de libros- ya vagamos en ocasiones a través de la neblina de los mercados de viejo en busca de toda la producción de Saer. Ediciones argentinas, ediciones antiguas, ediciones rotas, ediciones al precio de un euro como flores cuarteadas con los extremos arrugados apuntando hacia los cuatro puntos cardinales, tal y como decía Bolaño, si mal no recuerdo, en su novela Los detectives salvajes, cuando el poeta Juan García Madero echaba una ojeada a los libros que llevaba Ernesto San Epifanio en el morral.     

No obstante, la alegría es grande cuando los mismos libros que buscamos a precio de saldo son reeditados por alguna editorial emprendedora y, más de una vez, nos salvan las tardes a solas.


Iago Fernández

10 comentarios:

  1. Iago,

    Felicidades por la reseña. Había escrito un comentario pero lo he perdido, venía a decir que nuestra intención es hacernos con la biblioteca de Saer y así recuperar poco a poco todos sus libros en España. El año que viene vendrá otro título y esa es la próxima intriga que nos ofrece.

    Preciosa reseña, ahora la enlazo en su ficha.
    Saludos.

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  2. Gracias por haberla leído, en primer lugar.

    Son excelentes noticias: yo mismo quisiera hacerme con títulos de Saer que a día de hoy son inencontrables, incluso en la biblioteca de hispánicas de mi facultad ("Nadie nada nunca", por ejemplo). Tenéis un fiel comprador.

    ¡Saludos y muchos ánimos en vuestra labor editorial!

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  3. Hola:

    Interesante reseña, aunque yo diría que esta novela no es exactamente un policial y sí tiene esa parte menos ortodoxa o experimental, que comentas, ya que al menos contiene dos novelas distintas.
    Ya leí 6 novelas de Saer, y tengo en casa aún 4 esperándolo. A ver si vuelvo pronto. Si te apetece en mi blog tengo esas 6 reseñas.

    saludos

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    Respuestas
    1. Hola, David. En breves echaré un ojo a tus reseñas. En cuanto a "La pesquisa", dos apuntes: la novela se encuadra -por temas, motivos y pautas estructurales básicas- dentro de la novela negra; y claro que tiene una parte más experimental -lo afirmo, de hecho-, y por eso mismo la considero una buena novela negra, por no limitarse a recalcar lo ortodoxo del género.
      A la hora de considerar "La pesquisa" como "dos novelas", disiento de lleno. La frustración de expectativas del lector y la constante indeterminación de la voz narradora -que, si mal no recuerdo, no se aclara por entero hasta la mitad del libro-, son efectos de lectura constitutivos de la propia historia y lo que, en parte, le otorga ese aliciente de experimentalismo. Estas dos características, conllevan un efecto de lectura último, que es la posibilidad de considerar "La pesquisa" como "dos novelas". Saer ya se encarga de dinamitar la ilusión del libro bicéfalo entroncando ambos hilos narrativos -magistralmente, en mi opinión´- y descubriendo esa única voz narradora a mitad del libro. Si pasamos a considerar el libro como "dos novelas", estamos dejando de considerar los efectos de lectura que propone.

      Sólo eso. Gracias por leer.

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    2. Hola Iago:

      Quizás me excedí al hablar de dos novelas, pero lo que me hace gracia es que yo empecé la reseña de este libro diciendo "esto no es un policial", y argumentaba que para ser un policial en apenas 20 páginas creo que está bastante claro quién es el asesino, y Saer podría haber escrito un policial si hubiera querido, pero quiere hacer otra cosa, entramos en el policial-metafísico: entramos en el universo de Saer: la percepción de lo que nos rodea.

      En realidad yo leí el libro como si no fuera un policial: para mí esa historia (no dos novelas, como apuntas, sino la novela dentro de la novela) negra era secundaria, y la principal era el reencuentro de Garay con Tomasis, con Soldi... personajes habituales de los libros de Saer, que van perfilando su universo particular (los que se despiden en La grande)

      La parte policial sería, para mí, al menos, además de una parte secundaria de la novela, un falso policial: más que seguir las reglas del policial clásico (norteamericano) parece un policial escrito siguiendo las ideas literarias de Borges: el asesino se busca a sí mismo. El asesino -sabremos luego, cuenta Tomatis- no es el asesino: es una vuelta de tuerca del cuento de Borges "Tema del traidor y el héroe", que a su vez es un idea tomada de un cuento de El padre Brown de Chesterton: policial metafísico.

      Creo que voy a empezar a leer este mes el volumen de El Aleph, con sus tres primeras novelas: Responso, La vuelta completa y Cicatrices, que tengo en casa... creo que aquí también salen los personajes nombrados.
      Además tengo sin leer El limonero real.

      Encantado, Iago, de conversar contigo sobre Saer. Seguiremos.

      saludos

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    3. ¡El placer es mutuo! Estoy de acuerdo en todos los matices que apostrofas, David. Citar la novela policial, obviamente era una tentativa de oponer "La pesquisa" contra un fondo, para que, al enumerar sus particularidades, se superpusiera y distinguiera sobre el mismo, como una sombra chinesca que cobrara entidad por sí misma, más allá de la ortodoxia del género policial. Particularmente, lo ligas con Borges, y creo que aciertos, pero, no obstante, apunto que siempre acostumbro a visualizar la narrativa de Saer -junto a la Manuel Puig, por ejemplo- como un intento -y una victoria- por renovar la literatura argentina precisamente tras el paso de Borges por ella (idea extraída de Sarlo, crítica argentina). A mí entender, Saer refunda la literatura argentina a través de las aportaciones del nouveau roman -Puig, a través de la implementación de influencias extra literarias y subgenéricas-.

      En cuanto a "El limonero real": es el Ulises santafereño.

      ¡Un abrazo!

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  4. Hola:

    Sí, la literatura de Saer conversa con la de Borges, y busca caminos nuevos, a mi entender con más intensidad que la de Puig (aunque he de decir que de Puig sólo he leído un libro y tengo que ampliar su lectura pendiente). Yo diría que son Saer y Piglia los dos autores que en las últimas décadas argentinas van un paso más allá de Borges.

    Por cierto, se me olvidó comentar que cuando dices que los amigos conversan en un bar de un pueblecito de Argentina, en realidad la escena se sitúa en Santa Fe, el territorio mítico de Saer, que aparece en todas sus novelas pero nunca es nombrado, siempre es "la ciudad".

    Hoy empecé con el libro de El Aleph con las 3 primeras novelas, y ya he leído un capítulo de Responso, además del prólogo de Piglia, que está muy bien.

    saludos

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  5. Son Excelentes los libros de Saer. Puig es tambien buenisimo, sobre todo en la epoca en la escribio. La traicion de Rita o Boquitas pintadas, son abras que jugaron con una manera de escribir " nueva" para ese tiempo. Romper con la autoritismo del Narrador, con manejar otro lenguaje que no sea el canonico. Saludos desde Argentina.

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